El aceite de oliva, especialmente el virgen extra (AOVE), es un pilar fundamental de la dieta mediterránea y, de hecho, un alimento reconocido por sus múltiples beneficios para la salud. Rico en ácido oleico y polifenoles, ayuda a reducir el colesterol «malo» (LDL), mejorar la salud cardiovascular, controlar el peso por su efecto saciante y prevenir enfermedades crónicas, como confirma la Academia Española de Nutrición y Dietética. Más contundente es la afirmación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que no duda en asegurar que “el aceite de oliva es el más saludable del mundo” .
Todos los estudios científicos hasta el momento realizados coinciden en los muchos beneficios del aceite de oliva virgen extra (AOVE) y, cómo no, en su papel clave en una dieta saludable. ¿Por qué?
Porque es bueno para la salud cardiovascular: Consumir unas 4-5 cucharadas diarias ayuda a reducir el riesgo de infartos, ictus y enfermedades cardiovasculares en un 30%.
Por su alto poder antioxidante: Contiene vitamina E y polifenoles que combaten el envejecimiento celular y el deterioro cognitivo.
Porque es saciante y puede ayudar a controlar el peso: A pesar de su densidad calórica, ayuda a perder peso al ser una grasa saludable que sacia más que otras grasas, regulando el apetito.
Porque mejora el perfil lipídico: Reduce el colesterol LDL («malo») y eleva el HDL («bueno»).
Porque es un gran aliado digestivo: Favorece la digestión y ayuda a combatir el estreñimiento crónico.
Consejo Superior de Investigaciones Científicas:
“El aceite de oliva es el más saludable del mundo”
El consumo de AOVE es clave si seguimos una dieta saludable y equilibrada, sin excesos pero sin restricciones peligrosas. Y lo es por razones como las siguientes.
Cuida algo tan importante como la microbiota
¿Cómo la hace?
Aumenta la diversidad microbiana: El consumo de AOVE fomenta el crecimiento de bacterias beneficiosas, mejorando la composición de la flora intestinal, a diferencia de las grasas saturadas que generan un entorno inflamatorio.
Propiedades antiinflamatorias y antimicrobianas: Ayuda a equilibrar el intestino y reduce la presencia de microorganismos nocivos, regulando la microbiota.
¿Y qué consecuencias tiene ello?
Protege el eje intestino-cerebro: Indirectamente, el AOVE protege el sistema nervioso y mejora la función cognitiva a través de una microbiota saludable.
Mejora la salud cardiovascular como hemos dicho: Su papel modulador contribuye a prevenir la hipertensión y la hipercolesterolemia.
La grasa saludable es necesaria
La grasa es necesaria para el organismo tomada con moderación. Y, como ya hemos dicho en más de una ocasión, el aceite de oliva virgen extra es considerado una de las grasas más saludables y el aceite más beneficioso debido a su altísimo contenido en ácido oleico (grasa monoinsaturada, presente hasta en un 80%), polifenoles y vitamina E.
¿Por qué el AOVE es una grasa saludable?
Por su ácido oleico (Omega-9): Es una grasa monoinsaturada que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejora la circulación y ayuda a controlar la presión arterial.
Porque es natural y no refinado: Al ser zumo de aceituna sin procesos químicos, conserva todas sus propiedades bioactivas.
Por sus beneficios metabólicos: Mejora la sensibilidad a la insulina y puede ayudar en la prevención de la diabetes tipo 2.
Es un alimento saciante y digestivo
Lo hemos comentado también en más de una ocasión: el consumo regular de AOVE es un remedio natural eficaz para combatir el estreñimiento y mejorar la salud gastrointestinal.
¿Por qué le viene bien a nuestro aparato digestivo?
Es un lubricante natural: por tanto, facilita el movimiento intestinal.
Mejora la digestión: Estimula la producción de enzimas digestivas y la bilis, facilitando la descomposición de grasas.
Es un protector estomacal: Sus propiedades antiinflamatorias ( a través del prodigioso oleocantal) y antioxidantes protegen la mucosa gástrica y previenen la acidez y la gastritis.
Mejora la absorción de nutrientes.


